Todo comenzó hace unos 18000 años, cuando las capas de hielo cubrían el sur de Ontario. Los glaciares, de hasta dos kilómetros de espesor, con el tiempo se retiraron y dieron lugar a la formación de los Grandes Lagos. Los lagos superiores fluyeron hacia lagos menores, y se formó un gran canal entre el lago Erie y el lago Ontario. Fue entonces cuando las Cataratas del Niágara comenzaron a caer.
Hoy, miles de años más tarde, las cascadas se extienden desde la frontera entre Canadá y Estados Unidos, y atraen a unos 12 millones de visitantes al año. Gracias a una extraña formación geológica ocurrida hace unos 500 años, que dividió al río en dos canales, creando una pequeña isla en el medio llamada Isla de la Cabra. Desde el lado estadounidense se pueden contemplar tres cataratas: las Estadounidenses, las Horseshoe, y las Bridal Veil.
¿Qué fue de la ciudad de Niagara Falls? Al principio eran un puesto de comercio, luego un reducto militar importante y, a continuación, con el auge de la era industrial, se transformó en una ciudad dedicada a la industria. Constituida en 1892, la ciudad creció junto a las fábricas que aprovechaban la inmensa energía hidroeléctrica de las cataratas. Una ola de inmigrantes, provenientes en su mayoría de Polonia e Italia, inundó la ciudad de una forma similar al caso de Buffalo.
A mediados de la década de 1900, las Cataratas del Niágara fueron hogar y victima de docenas de plantas industriales, la contaminación que emitían, y el vertido de sus residuos. Finalmente, estas fábricas se cerraron, pero los residuos continuaron estropeando el lugar. La difícil situación de la ciudad llamó la atención del país entero en 1978, cuando el entonces presidente Jimmy Carter declaró al barrio del Canal, construido sobre un vertedero de desechos tóxicos, en estado de emergencia nacional. Los residentes tuvieron que ser reubicados lejos de los vertederos contaminados. Dos años más tarde, se dictó la Ley del Superfondo con el objetivo de responsabilizar a las empresas por las tierras que habían contaminado.
Venida a menos y sin mucha industria, la zona de las Cataratas del Niágara tardó en capitalizar el turismo: no sucedió hasta que sus vecinos de Ontario lanzaron una importante campaña turística en la década de 1990 para convertir su ciudad en un «Las Vegas», ejemplo que siguieron los habitantes. Ahora, con su nuevo casino, se espera un mayor crecimiento que no tardará en llegar.