Tokio es un lugar donde los ritmos urgentes de la cultura de consumo chocan con los momentos más tranquilos de las antiguas costumbres.
Si bien es cierto que el ambiente emocionante tiene una cara algo deprimente, como alojamientos del tamaño de una caja de zapatos y edificios de oficinas atravesados por autopistas aéreas llenas de tráfico, Tokio sigue siendo un ejemplo brillante del «milagro» de la era post Segunda Guerra Mundial.
Lo que hace fascinante a esta ciudad capital es el contraste entre las construcciones gigantescas y los detalles meticulosos. Un paseo por sus calles puede llegar a ser un asalto de neón que te deja eufórico y sin aliento, o bien un encuentro con un arte exquisito. Salte a bordo del metro y descubra cómo es esta ciudad en realidad.
La alimentación es parte de la diversión de estar en Japón, y los aventureros se deleitaran al encontrar que la nihon ryori (comida japonesa) es mucho más que el sushi, la tempura y el sukiyaki conocidos en otros países: hay más de veinte formas diferentes de cocina japonesa para explorar.
No es difícil encontrar muchas cosas para mantenerlo fuera de problemas en Tokio. Ya se trate del kabuki (teatro tradicional japonés), el karaoke, los izakaya (bar para comer la mitad), o de las aguas termales, el umeboshi, el “gigante del ciruelo agrio”, lo tiene todo durante todo el año.
Si te quedas en Tokio por una semana o más, las casas gaijin, también conocidos como casas de huéspedes, son una opción de alojamiento barato que vale la pena considerar. La tarifa mínima suele ser por un mes, pero algunas casas también ofrecen tarifas diarias o semanales.